CENTRE D'ARTESANS DE LA PILOTA VALENCIANA
ALBORAIA, VALENCIA
En este proyecto (Centro de Artesanos) se busca resolver uno de los puntos estratégicos y, a la vez, más deteriorados del barrio de La Patacona, perteneciendo en Alboraia, en la comarca de l'Horta Nord, pegado en la ciudad de Valencia.
Se trata de una actuación en la parcela que contiene las antiguas naves de la empresa vinícola "VINIVAL". Partiendo de estas preexistencias, se plantea una intervención urbana con la cual conseguir la unidad de todo el complejo, y así, quedarán pobladas, dotándolas de un nuevo programa.
El centro de artesanos se dedica a la Pilota Valenciana. De esta manera se abordan diferentes problemáticas presentes en la ciudad de Valencia y sus alrededores. Una de ellas es la falta de espacios disponibles para la preparación de los deportistas dedicados a la pelota, a causa del escaso número de trinquets que quedan abiertos hoy en día para la práctica de la pelota. Así, se pretende que este centro se convierta en un catalizador y foco para la promoción del deporte local, el cual está muy ligado a la artesanía, tanto por el diseño y producción de elementos en talleres como por la misma práctica del juego. El pilotari también es considerado artesano, puesto que él mismo realiza sus propios guantes en la misma pista del Trinquet, pasando a convertirse este en un centro de producción de artesanía.
Al tratarse de un programa tan extenso y que en el enunciado se plantea la necesidad de "poblar" los grandes espacios libres existentes entre los edificios preexistentes. Se plantea una serie de intervenciones arquitectónicas en todos los volúmenes, a partir de la disposición estratégica de una serie de sencillas piezas, de baja altura. Esto genera una diferencia entre lo existente y la intervención. Los nuevos prismas, que se disponen en la parte baja de los edificios, cuentan con unas proporciones muy horizontales y alargadas, en contraposición con los volúmenes cilíndricos, con proporciones muy verticales, que generan la envolvente de la "Bodega".
También se pasa de unos volúmenes con formas curvas a unos prismas muy rotundos formalmente.
Estas piezas acotan el espacio libre, acercando entre si los edificios, generando un sistema de accesos y patios que sirven exclusivamente a los espacios interiores.
Otra manera en la que quedan diferenciados los volúmenes preexistentes de los nuevos es su materialidad, frente a la fábrica de ladrillo caravista a tizón, de tonalidades marrones muy oscuras. Lo nuevo se propone como unos paramentos lisos de color blanco, acabados con un enfoscado.
TRINQUET
Dentro de todo el edificio, el trinquet se concibe como un espacio autónomo, con sus accesos y servicios propios. Su acceso se coloca en la fachada principal del complejo, la más grande, la que da a la Avenida de Vicente Blasco Ibáñez. Se le otorga este protagonismo al ser el que mayor público debe recibir.
A pesar de ser un espacio autónomo, este debe de poder relacionarse fácilmente con el resto de los programas, ya que estos están muy ligados entre sí. Para esto, se plantea que exista un flujo que pueda atravesar todo el edificio, en el que no existan barreras infranqueables.
Aparecía una problemática, que era la presencia de las escaleras en toda la longitud de la pista. Pero se vuelve a favor del proyecto, ya que esta se hunde, dejando el nivel de la pista de juego por debajo del nivel cero del resto de todo el proyecto, que es el nivel actual del zócalo de la Bodega. Este gesto de hundir la pista permite acceder por debajo del nuevo volumen planteado, a través de un desnivel muy suave.
En el volumen que queda por encima se generan una serie de aperturas y juegos de alturas, que permiten apreciar los prismas cilíndricos de la preexistencia, que quedan enmarcados. Así se crea una secuencia de espacios y alturas, que conforman un lugar acotado y protegido, pero también muy interesante espacialmente.
A pesar de ser un espacio autónomo, este debe de poder relacionarse fácilmente con el resto de los programas, ya que estos están muy ligados entre sí. Para esto, se plantea que exista un flujo que pueda atravesar todo el edificio, en el que no existan barreras infranqueables.
Aparecía una problemática, que era la presencia de las escaleras en toda la longitud de la pista. Pero se vuelve a favor del proyecto, ya que esta se hunde, dejando el nivel de la pista de juego por debajo del nivel cero del resto de todo el proyecto, que es el nivel actual del zócalo de la Bodega. Este gesto de hundir la pista permite acceder por debajo del nuevo volumen planteado, a través de un desnivel muy suave.
En el volumen que queda por encima se generan una serie de aperturas y juegos de alturas, que permiten apreciar los prismas cilíndricos de la preexistencia, que quedan enmarcados. Así se crea una secuencia de espacios y alturas, que conforman un lugar acotado y protegido, pero también muy interesante espacialmente.